Hacía tiempo que no publicaba mis otras tapas, las de alcantarilla. No es una colección con pretensiones, pero me gusta enseñarla, aunque sea a cuentagotas. Del reciente viaje a algunas poblaciones de la provincia de Huelva os dejo estas tapas.
Si no voy equivocado todas pertenecen al servicio de Aguas de Huelva o de la comarca del Condado.





En una próxima entrega os mostraré las que recogí con mi cámara en Sevilla capital a la vuelta de ese mismo viaje.
Un buen amigo, compañero de trabajo y viajero habitual a lejanos lugares, Josep, me ha traído desde el lejano Japón estas diez maravillas. Seguramente se trata de las tapas de alcantarilla más bonitas del mundo. Introducen como novedad la policromía. Algunas incluyen el nombre en alfabeto occidental, otras en los ideogramas japoneses. Yo me pregunto ¿cuánto tiempo durarían en España unas alcantarillas como éstas? La respuesta os la dejo a vosotros.
Estas dos primeras son de Aizuwakamatsu:


Estas otras dos tapas son de Beppu:


Esta alcantarilla es de Inari (Kyoto):

Esta otra procede de Inuyama:

La siguiente es de Kakunodate:

La fotografía que sigue se hizo en Nagoya:

Estas dos últimas provienen de Nara:


Mi buena amiga Eva, matoronense de pro, de vuelta de sus vacaciones por Croacia, me ha regalado estas dos tapas de alcantarilla de aquellas tierras balcánicas. Una de Zagreb y otra de Dubrovnic.


Hacía tiempo que tenía olvidadas las "otras" tapas, las de alcantarilla y ahora que llega el buen tiempo y el verano no son pocos los colegas y amigos que en sus estancias vacacionales me traen como obsequio ejemplares de alcantarillas de lugares lejanos.
Josep me ha traido de Sicilia, esa isla a la que ya he dedicado más de un post gastronómico, estos cinco ejemplares, representativos de otras tantas ciudades sicilianas: Agrigento, , Ragusa, Siracusa, Corleone y Catania.
Resultan especialmente inquietantes las dos últimas. Una remite a una población, pero también a uno de los clanes familiares mafiosos más mitificados, en gran parte por el cine. La siguiente exhibe un mensaje (Pericolo de morte), que puede ser tomado como una advertencia o como una consecuencia de la tapa anterior.






Mi amiga venezolana Virginia me ha traido estos hermosos ejemplares de tapas de alcantarillas de Brujas, una de las Venecias del Norte de Europa. Ciudad de postal para los turistas, aunque los locales estén hartos de tantos turistas.
No es bien bien un tapa de alcantarilla. Bueno, desde luego, no lo es. Pero no deja de ser una tapa que estaba en el suelo y que rinde homenaje al autor dublinés más conocido y a su obra más celebrada -aunque seguramente no la más leída-, Ulysses.
Ir a Dublín es una invitación constante a seguir los pasos de Joyce. Absolutamente recomendable la excursión en un tren cercanías hasta las afueras de la capital irlandesa, a unos 12 kilómetros, para reencontrarse con el castillo-museo de Ulysses. Allí veréis atónitos como una legión de locales y algún que otro turista leído se lanzan al mar para emular uno de los pasajes de la novela. Sea verano o invierno, doy fe que yo lo ví con mis ojos. Sólo apto para no cardíacos, os lo aseguro.

Aquí os dejo hoy una tapa de alcantarilla de Montreal, una de las grandes ciudades de la región francófona de Québec, en Canadá. Ya sabéis esa rareza que la colonización ha dejado en Norteamérica, un territorio en el que se habla la lengua de Molière y que es un milagro que se haya conservado frente a la presión de su vecino del sur, Estados Unidos.
De todos modos, Québec no es el único territorio francófono de Norteamérica. Existe otro pequeño enclave, de hecho, dos islotes, Saint Pierre et Miquelon, que desde 1985 tiene estatuto de territorio de ultramar de la República Francesa, y en las que viven unas 5.000 personas.

Aquí tenéis dos tapas de alcantarilla de una ciudad fantástica que se llama Florencia. Una ciudad con un pasado glorioso en el que el poder religioso y las grandes familias patricias y mecenas -llámese Médicis o Pitti- mantuvieron una dura pugna para mostrar ante el pueblo quién era el más poderoso durante el Renacimiento. Luego además es la ciudad de Leonardo, la ciudad del Arno, ese río furioso a veces que señorea bajo el Ponte Vecchio, curiosamente respetado por los bombardeos nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

