El tiramisú es unos de los postres veraniegos que más veces repito, aunque eso sí, como en casa no nos gusta el café, suelo hacerlo más bien flojito de café. Apenas se nota el café como un regusto que queda en el fondo del paladar.
No quería perderme la participación en el HEMC nº 54 de este mes, dedicado a la relación del cine y la cocina. No es casual que en este blog haya una pequeña sección coCINE, dedicada a esa mostrar esa relación tan estrecha. Recientemente, estuve en un acto al que asistía Ferran Adrià, el gran chef contemporáneo, y nos confesaba que sus dos películas preferidas sobre temas de cocina eran Ratatouille y El festín de Babette. Una buena elección en la que yo también incluiría Vattel y Chocolat.
Para esta ocasión he escogido la película El hijo de la novia, esa fantástica y emotiva película argentina dirigida por Juan José Campanella y protagonizada por cuatro monstruos de la interpretación de aquel país: los veteranos Hector Alterio y Norma Aleandro, y los menos veteranos pero no por ello también actorazos Ricardo Darín y Eduardo Blanco.
De un libro que inauguró esta sección y del que ya os hablé aquí, Cine a la carta, de HelenaGarcía Ulldemolins y Pablo Mérida, sale esta receta del tiramisú, un postre relativamente joven, que nació en los años 50 en la zona del Véneto italiana y que se elaboraba y consumía en los prostíbulos, donde se ofrecía a los clientes para que pudiera reponer fuerzas. De ahí viene su nombre original, te tira su, que en dialecto veneciano significa "que te levanta".
Aquí os dejo el resumen del argumento que hace Filmaffinity de esta película:
Rafael dedica 24 horas al día a su restaurante, está divorciado, ve muy poco a su hija, no tiene amigos y elude comprometerse con su novia. Además, desde hace mucho tiempo no visita a su madre, internada en un geriátrico porque sufre el mal de Alzheimer. Una serie de acontecimientos inesperados le obligan a replantearse su vida. Entre ellos, la intención que tiene su padre de cumplir el viejo sueño de su madre: casarse por la Iglesia.
"Hoy compramos mascarpone. El especial del día, tiramisú Norma", esa es la frase que pronuncia Rafael (Ricardo Darín), el hijo de la novia, para explicarle al cocinero que se acabaron las probaturas de hacer tiramisú con queso fresco pese a la crisis económica que azotaba Buenos Aires.
Para elaborar este tiramisú necesitamos:
- 400 ml de café o de agua con un poco de café soluble
- 1 chorrito de amareto (en su lugar se puede poner otro licor)
- 500 grs de mascarpone (son dos tarrinas)
- 5 cucharadas de azúcar
- 4 huevos
- unos 20 bizcochos o melindros
- cacao en polvo
Cogemos una bandeja cuadrada o rectangular. Mojamos un poco los melindros en el café con el chorrito de amareto, y los situamos en la base de la bandeja.
Para hacer la crema, con unas varillas eléctricas montamos a punto de nieve las claras de los 4 huevos con un poco de sal y las reservamos.
En otro recipiente y con las mismas varillas eléctricas mezclamos los huevos con el azúcar hasta que se pongan blanquecinas y aumenten de volumen. Añadimos el mascarpone y seguimos batiendo. Finalmente, mezclamos con movimientos envolventes con ayuda de una espátula las claras montadas con el resto de la mezcla.
Vertimos la crema sobre la primera capa de melindros. Espolvoreamos con ayuda de un colador fino el cacao sobre esa primera capa de crema. Tapamos nuevamente con una segunda capa de melindros mojados en el cafe y el amareto y echamos encima el resto de crema. Al final rematamos con más cacao espolvoreado sobre la crema.
Metemos en la nevera durante al menos 3-4 horas para que quede bien solidificado y consistente.


Según explica la wikipedia, En 1653, a la edad de 22 años, fue contratado como pinche de cocina en el Palacio de Vaux-le-Vicomte (entonces en fase de construcción) por el marqués Nicolas Fouquet, que sería nombrado ese mismo año Superintendente de Finanzas por el cardenal Mazarino, regente del rey Luis XIV, todavía menor de edad. Por sus habilidades, Vatel fue rápidamente nombrado maestro de ceremonias de Fouquet.
La película de Roland Joffé se centra en esa fiesta de tres días y tres noches, coordinada y supervisada hasta el más mínimo detalle por Vatel.



