Se ha convertido por derecho propio en el personaje de las pasadas Navidades. Es increíble cómo el marketing puede desarrollar productos de lo más variado a partir de una serie de dibujos animados. Lo que ha pasado con Bob Esponja no tiene precedentes ni en Spidermans, ni en Blancanieves, ni en princesitas. Cualquier cosa que puedas imaginar tiene su versión Bob Esponja. Mi hija pequeña es una de las fans y, los Reyes Magos de Oriente, Papa Noel y su versión local del Tió la han nutrido de todo tipo de merchandising bobesponjero en las pasadas fiestas.
Su padre, es decir yo, sabedor también de esta predilección -yo más bien la llamaría fijación- le compró este paquete de preparado para elaborar unas ricas muffins. No soy muy partidario de comprar pasteles ya listos para añadir huevos y leche y hornear, pero la cajita amarilla era muy tentadora, máxime teniendo en cuenta que ya venía con las cápsulas de papel estampadas con la esponja de mar más famosa del mundo y con las obleas comestibles con los personajes de la popular serie de dibujos animados.
Su sabor es también muy peculiar, a plátano, que contrasta muy bien con el glaseado de chocolate.
En el interior de la caja, encontráis dos sobres, uno con el preparado para la masa de los muffins, a la que hay que añadir agua o leche y los huevos. Y en otro sobre están los polvos para realizar el glaseado de chocolate que sirve para bañar los muffins.
Una vez enfriados, ya podremos ensartar las obleas sobre el glaseado.
Cuando ya tenéis hecha la masa, sólo tenéis que vertir un poco, sin llegar hasta arriba, en cada capsula de papel. Yo no lo hice, pero es preferible introducir cada cápsula en otro molde de silicona, porque de este modo se evitan que al meterlos en el horno, los muffins se queden planos.
Se hornean en menos de 15 minutos y después de adornarlas ya estarán listas para comer. Te resuelven un desayuno, una merienda o una fiesta de cumpleaños y además puedes hacer participar a los más pequeños.




