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Terra
La Coctelera

Categoría: utensilios

10 Marzo 2011

Cuando hace dos años quise comprarme un robot amasador, la primera idea fue la bella KitchenAid, pero su precio me tiró atrás y al final acabé comprando una Kenwood, que todo se ha de decir, no me ha dejado tirado nunca y además de tener un precio más asequible, incluye numerosos accesorios. Es algo más que una tres en uno.

Ha tenido que llegar un viaje de trabajo a Nueva York -mi tercera visita a la Gran Manzana- para que me haya podido dedicar en el tiempo libre a compras culinarias aprovechando el mejor precio, así como el cambio favorable al euro.

Con esas compras cayeron algunos gadgets que había descubierto por aquí y por allá, en el blog de Trotamundos, en el de Bea o en el de Eva, y en algún otro que, me váis a perdonad, ahora no recuerdo. De este modo, conseguí a precios más que razonables una piedra para cocer pan o pizzas en el horno, las conocidas allí como Baked Stone, o un molde de Nordic Ware para hacer bundt cake con una forma helicoidal, denominado Heritage Cake Pan. También cayeron numerosos libros, comprados a precio de saldo -entre 5 y 10 dólares- en un prodigio de librería, Strand, muy cerca de Union Square.

Pero de todas las compras que quería hacer, ropa aparte, la más importante era la Kitchen Aid. En el Rincón de Bea había leído que era factible encontrarla con voltaje europeo en Williams Sonoma. Primero fui a una tienda por Middle Town y, por referencias, acabé en la magnífica tienda que Williams Sonoma tiene en el edificio de Time Warner, en Columbus Circle. No era el primero que pedía una KitchenAid con voltaje europeo, pero no tenían.

Otro día, se me ocurrió visitar Macy's, los almacenes más grandes del mundo y doy fe que lo son. Tienen una planta subterránea con aparatos de cocina que es el paraíso. Allí, encontré a una amable dependienta que en español me explicó que tampoco tenían KitchenAid a 220 V, pero tuvo la amabilidad de darme la dirección de un lugar en Chinatown, especializado en máquinas y pequeños electrodomésticos con voltaje europeo. Al día siguiente y después de un periplo en el que me acompañó mi amigo Víctor, un amante además de las muffins americanas, acabamos en Canal Street, muy cerca del puerto de Nueva York. En principio pensamos que sería un establecimiento chino, por el lugar en el que se encuentra, luego al llegar a las 10 de la mañana y verlo cerrado, preguntamos en la tienda de al lado, regentada por una persona india o pakistaní, que nos informó que abrían a las 10,30. A la hora convenida y tras tomar un chocolate caliente con nata en Little Italy, Víctor y yo fuimos al sitio y allí, tras el mostrador dos dependientes judíos -con su inconfundible kipá- nos indicaron que sí que tenían el susodicho robot, con voltaje europeo y además con el color que inicialmente me gustaba más, el rojo.

La KitchenAid viajó en la maleta de mano -pesa algo más de diez kilos- y aquí le espera una larga vida. Con el tiempo iré adquiriendo algunos accesorios que aún enriquecerán más sus posibilidades.

No quisiera parecer un agente de ventas de esta máquina, pero dicen sus seguidores que la KitchenAid es a este tipo de robots lo que la Harley Davidson es a las motos. Es decir, una máquina robusta, algo ruidosa y con las garantías Made in USA. Es además un robot que apenas ha cambiado su diseño en sus más de 90 años de historia. Cuando el diseño es bueno en origen y funciona en el mercado, mejor no cambiarlo.

 

 

11 Marzo 2010

De mi reciente viaje a Nueva York me traje numerosa cacharrería y gadget, entre ellos un sencillo aparato moldeador para elaborar calzones, esos panes rellenos tan característicos de la cocina italiana. Tenía tantas ganas de estrenarlo que al final me puse manos a la masa. Para elaborar esta receta aproveché los restos que tenía en la nevera. En uno de los estantes del refrigerador languidecía este trozo de morcilla, duro por el paso del tiempo y aparentemente inservible, pero fue entonces cuando pensé que podría aprovecharlo rallándolo como si fuera un trozo de queso. Y ciertamente, la idea creo que fue buena, porque además la morcilla con esta forma de virutas recuperó su aroma.

Para elaborar el calzone básico necesitamos:

  • 500 grs de harina de fuerza
  • 250 ml de agua tibia
  • media cucharilla de azúcar
  • 1 cucharilla de sal fina
  • 1 cucharada de aceite de oliva virgen
  • un cubito de levadura fresca Levital (25 grs)

En mi caso utilicé la panificadora, pero también podéis amasar a mano.

Colocáis en la cubeta de la panificadora el agua, la sal, el azúcar, la harina, la levadura y aceite de oliva. Ponéis en marcha el programa de amasado y levado (aproximadamente 1 hora y 25 minutos).

Al finalizar el programa, trabajáis durante unos 5 minutos más la masa con las manos. Cortáis porciones pequeñas y con ayuda de un rodillo las aplanáis. Vamos poniendo en el molde estos trozos finos de masa. En el interior colocamos porciones de mozzarella, nueces y virutas de morcilla. Cerramos el molde, apretamos y recortamos la masa sobrante.

Naturalmente, podéis hacer este paso de manera manual sin ayuda del molde. Sólo tendremos que tender cuidado de que quede bien sellado para que no se salgan los productos fundentes del interior.

Cuando ya tenemos el calzone, lo colocamos en una bandeja de horno forrada con papel de horno. Precalentamos el horno a unos 180 grados y horneamos los calzones durante unos 15 minutos o hasta que veamos que están dorados por fuera.

 

2 Marzo 2010

Para realizar estos mis primeros muffins de chocolate me ha basado en los primeros muffins de un blog genial que hace poco encontré a través del blog de mi buena amiga María José. Se trata de Canela y tú y en una de sus entradas daba cuenta de sus también primeros muffins. De modo que, sus primeros muffins, mis primeros muffins. Todo es empezar.

El origen de los muffins es Inglaterra, donde aparecen las primeras referencias en recetarios a partir de 1703. Su nombre deriva del original moofin, cuyo origen sería una adaptación del término francés moufflet (pan suave). En esa época se trataba de un pastel, explica la wikipedia, que se consumía preferiblemente en desayunos o como tentempié, y se presentaba con diferentes sabores como fruta seca o fresca, especias o chocolate, seguramente la presentación más común. A partir de la década de 1950 su consumo se generalizó en Reino Unido y Estados Unidos.

La gran diferencia entre los muffins y las magdalenas es que mientras en estas últimas se baten enérgicamente los ingredientes, con ayuda de una batidora, en aquellos los ingredientes apenas se mezclan.

En mi reciente viaje a Nueva York, uno de los gadgets que compré fue este molde de silicona especial para elaborar muffins.

Para la elaboración de esto muffins hemos de tener:

  • 140 grs de harina
  • 85 grs de azúcar
  • 1 cucharadita de levadura tipo Royal
  • Una pizca de bicarbonato sódico
  • 4 cucharadas de cacao en polvo
  • 85 ml de leche
  • 75 grs de mantequilla
  • 1 huevo

 

 

 

 

 

 

 

En un bol mezclamos los ingredientes secos: harina y levadura tamizadas, cacao en polvo, bicarbonato y azúcar. Y en otro bol mezclamos los ingredientes líquidos, es decir la mantequilla derretida, el huevo y la leche.

Vertemos los ingredientes líquidos sobre los secos y removemos durante unos 3-5 minutos con ayuda de una cuchara. No debe quedar demasiado mezclado, para evitar que los muffins queden duros.

Con ayuda de un pincel untamos de mantequilla los moldes y vertimos en su interior la masa anterior. Los podemos llenar hasta 3/4 partes de su volumen.

 

 

Los metemos dentro del horno previamente calentado a 200 grados y horneamos durante unos 20 minutos. Los dejamos reposar 5 minutos y entonces ya podremos desmoldarlos. Para darles un toque final podemos espolvorearlos con azúcar glas.

 

Ya sabéis, ricos para un desayuno, ricos para una merienda, ricos a todas horas.

8 Febrero 2010

Soy un enamorado de los gadgets culinarios. Y si algo me para es el espacio limitado que tengo en la cocina para guardarlos. Las máquinas y otros utensilios suelen ayudarnos en las tareas gastronómicas y en un paraíso de las compras como Nueva York y donde, no lo olvidemos, el dólar está más bajo que el euro, no he podido evitar comprar algunas cosillas, algunas de las cuales os presentaré en post próximos con su receta correspondiente. En esta segunda entrega quiero hablaros de las tiendas de utensilios de cocina, los que los norteamericanos denominan Kitchengear for chefs, cooks & gourmets.

La primera y seguramente la más espectacular de estas tiendas es Williams-Sonoma, una tienda aparentemente pija, pero en la que se pueden encontrar auténticas gangas o incluso gadgets que yo no he visto por Europa. De allí me traje un molde para hacer calzone y un kit para hacer galletitas que puedes personalizar con mensajes o con el nombre de la persona a la que quieres deslumbrar con un obsequio inesperado y sorprendente.

La que aparece en la foto es la tienda a la que yo fui. Se encuentra en el 110 de la 7th Avenue ( (212) 633-2203), si bien también tienen una tienda en el 10 de Columbus Circle.

Chelsea Market es un capítulo aparte, porque es un antiguo mercado restaurado y convertido en una galeria dedicada exclusivamente a la comida. Allí encontraréis varias panaderías y pastelerías, una tienda de moda con un bar, una pescadería, una floristería, una librería, varios cafés y un supermercado de productos orgánicos, algo a lo que los neoyorquinos, a decir de lo que hemos visto, se han aficionado bastante.

Entre las tiendas y establecimientos que allí encontraréis figura Bowery Kitchen, una tienda que vende exclusivamente menaje, platos de todo tipo, utensilios de cocina. Todavía me arrepiento de no haber comprado una plancha para hacer tortitas mexicanas. Moldes de todo tipo para pasteles y sus famosos pie. Además, en la tienda suele haber siempre despachando algún latino, con lo cual el idioma no será una barrera. De esta tienda me traje un gadget al que le tenía el ojo desde mi afición a Jamie Oliver, el flavour shacker, un invento del chef británico para mezclar salsas con hierbas.

El Chelsea Market se encuentra en el número 75 de la 9th Avenue (esquina con la 15th street)

Otro lugar en el que podremos comprar comida abundante y del que ya os hablaré en otro post es el Deli Zabar's. Esta tienda se encuentra en la parte de Upper West Side, en el número de 2245 de Broadway Avenue, esquina con la 80th Street. Se encuentra a un lado de de Central Park, justo unas avenidas detras del Museo de Historia Natural.

En la segunda planta de Zabar's podréis mirar y, si lo deseáis, comprar, más de lo mismo de lo que os he reseñado hasta ahora. Es significativa su colección de teteras, algunas curiosas con termómetro incorporado para saber a qué temperatura calentáis el agua.

El último de los almácenes que os aconsejo visitar es Century XXI, aconsejable no sólo para los amantes de los cacharos de cocina, sino sobre todo para los que buscan auténticas gangas de ropa y calzado de marcas muy conocidas a precios muy asequibles. De todos modos, para los que aún así pasan de la moda y de la ropa y quieren ir directamente a los utensilios de cocina, deberán bajar a la planta -1. Estos almacenes son los más fáciles de encontrar, pues se encuentran en la Zona Cero, aquella que resultó devastada por los ataques terroristas del 11-S. La huella de aquella masacre es todavía hoy visible.

9 Mayo 2009

Esta semana le toca el turno a un libro muy práctico sobre una práctica culinaria que ha caído en desuso en nuestros hogares. Me estoy refiriendo a cocinar con olla a presión, también conocida como olla exprés. Un utensilio que en los hogares de hace 30-40 años ocupaba un lugar central como hoy pueda representar las thermomix o Mycook.

El libro en cuestión es La cocina de la olla a presión (Biblioteca Espiral de Alianza Editorial) y su autora es María Zarzalejos, con una larga experiencia en numerosos medios de comunicación dedicada a la gastronomía

Como la propia autora dice, en un mundo como el nuestro en el que cada vez tenemos menos tiempo para todo, incluida la comida, nos hemos entregado a la cultura del 'fast food', la cómida rápida que no siempre es la más sana.

Para conjugar esos dos factores, tener poco tiempo y la necesidad de comer más sano, no hay mejor invento que la olla a presión, que además no exige al usuario haber hecho cursillos acelerados ni ser un experto chef. Simplemente basta seguir los consejos del fabricante y los pasos que el libro recoge para cada receta, respetando los tiempos.

Zarzalejos ha hecho una selección de recetas tradicionales de toda la vida y todo tipo de platos que ayuden a configurar un menú diario: sopas, caldos, arroces, legumbres, verduras, setas y hortalizas, carnes, pescados, postres y conservas.

La autora especifica asimismo los tiempos de cocción según tengamos en casa una olla a presión convencional, la Magefesa de toda la vida con su válvula y su ruido característico, y la olla a presión rápida, que reduce los tiempos de cocción a la mitad.

Aunque el invento arranca de la descripción hecha en el siglo XVII por el físico y matemático anglofrancés Denis Papin, las ollas a presión no comenzaron a fabricarse hasta mediados del siglo XX, la supercocotte SEB (Societé d'Emboutissage de Bourgogne), un modelo del que se han vendido desde entonces más de 50 millones de unidades.

De las recetas propuestas por Zarzalejos he querido destacar la siguiente:

Sobre TAPAS...TRAS...TAPAS

PRESENTACIÓN Bueno, amigos y amigas, soy Jose y comienza la andadura de este blog con la buena intención de dar cauce a través de él de algunas de mis aficiones. Soy un coleccionista casi compulsivo, lo colecciono todo y quizá el blog sea un buen medio de comunicación al exterior de esas colecciones que con tanto mimo he ido elaborando a lo largo del tiempo. La primera entrada tiene que dar explicación del título de este blog, ese curioso"Tapas..tras...Tapas". La primera "Tapas" es obvio que tiene que ver con la gastronomía, una de mis grandes pasiones a la que no dedico tanto tiempo como me gustaría. La segunda resulta más difícil de adivinar. Llevo tres años coleccionando fotos de tapas de alcantarillas y tanto yo como mis amigos pensábamos que era un friqui y he tenido que leer un suplemento de un diario para enterarme que en España hay otro coleccionista de tan raros objetos, y que no sólo hay otro, sino muchos más. Y ya no digamos coleccionistas de manholes covers (tapas de alcantarillas en la lengua de Shakespeare). Ver para creer. Del resto de aficiones y colecciones ya tendremos tiempo para hablar.
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