Quiero proponeros la receta de una pizza sencilla, que se puede hacer en apenas dos horas, una receta aprendida en un Curso de Cocina Siciliana, aunque la pizza no es específicamente de la isla italiana.
Para la masa son necesarios: unos 300 gramos de harina del tipo que sea (mejor blanca, pero puede ser integral, de espelta...), un bol de agua en el que diluiremos media pastilla de levadura fresca (unos 12-15 gramos) y un poco de sal. Si queremos hacer una pizza de 500 gramos, entonces utilizaremos toda la pastilla (unos 25 gramos).
Mezclamos bien los ingredientes hasta que se forme una pelota en la que la masa ya no se pegue a nuestras manos. Debe quedar más o menos como sigue:
Tapamos con un paño y lo colocamos en un lugar cálido. Cerca de un radiador puede ser un buen lugar en invierno. En verano obtener 20-25 grados es más fácil -sólo hay que buscar el sol-. Tras dos horas, más o menos, la masa habrá duplicado su tamaño y estará lista para el último amasado. Vertemos un buen chorro de aceite de oliva virgen extra sobre la masa y comenzamos un enérgico amasado. Finalmente, con el rodillo extendemos la masa hasta que consigamos el grosor deseado.
El relleno de la pizza es también discreccional. Algunos preferirán poner verduras (pimiento rojo escalibado, calabacín, cebolla, champiñones); otros preferirán carne picada especiada con más o menos picante; y otros podrían optar por mezclar diferentes quesos (emmental, gruyere, camembert, roquefort, mozzarella...).
En este caso, yo he optado por lo más clásico: un poco de tomate sobre la base, jamón dulce y todo cubierto con blanca mozzarella de búfala. El resultado fue éste:



Escribe un comentario