El periplo gastronómico por las tierras de Teruel he querido cerrarlo en Calanda, la tierra natal de nuestro gran cineasta Luis Buñuel. Todas las artes tuvieron su sordo famoso: la música a Beethoven, la pintura a Goya y el cine al director de perlas como "Viridiana", "El ángel exterminador", "Belle de jour" o "Ese oscuro objeto del deseo".

Calanda es tierra de tambores, pero también es tierra de dulces, de pastas. Llegó a la población por la carretera principal que viene de Alcorisa, y en una de sus calles laterales a la derecha, su nombre es Ramón y Cajal, me topo con un horno modesto, pero con una pastas extraordinarias.

Aunque su aspecto sea amorfo, su sabor es indescriptible. Casi se deshace en la boca. Estoy hablando de las mantecadas.

El joven que atiende esta pastelería nos explica que una de las pastas más celebradas de Calanda son las Tortas de Alma, unos dulces con forma de media luna muy parecidos a las pastas de origen árabe que se encuentran en la zona. Rápidamente me vienen a la memoria los pastissets de Tortosa, de los que son primos hermanos. Una diferencia, creo yo notable, los diferencia. Mientras los de Calanda están rellenos de confitura de calabaza y miel -alma-, los de Tortosa esconden en su interior cabello de ángel.

Como todo es opinable, a mí personalmente -y que me perdonen los tortosinos- me gustan más los calandeños. Los ingredientes de estas tortas de alma no pueden ser más sencillos: harina floja, aceite de oliva, agua hirviendo,  aguardiente, moscatel, azúcar, levadura química tipo Royal,  mermelada de calabaza  y miel para el relleno. Prometo para un futuro post intentar elaborar estas ricas pastas.