A veces comer el pan sólo puede ser muy aburrido, así que hace unos días decidí aprovechar unos restos de salmón ahumado que había quedado en la nevera. Una rebanada de pan convenientemente pasada por el tostador se convierte rápidamente en una tosta, sobre la cual se colocan dos pequeños cilindros de queso de cabra calentados ligeramente en el microondas. A estos quesitos los franceses les llaman chevrettes. Si se tiene más tiempo se pueden calentar durante un par de minutos con el gratinador del horno.

Cuando está caliente, con ayuda de un cuchillo se extiende bien por la tosta de pan y sobre el queso se colocan los trocitos de salmón. Se muele pimienta con un molinillo a la hora de servir y listo para comer.