Como mi buen amigo Manel, el responsable de Cuinar és generós, dice, hay ocasiones en las que no tienes excesivas ganas de complicarte la vida en la cocina y es entonces cuando se agudiza el ingenio. No sé si mi ingenio se agudizó mucho con esta propuesta, pero la media neurona que dicen que tenemos los hombres pensó el otro día que sería una buena idea mezclar el chorizo frito con algo dulce.
Los asturianos cuecen mucho el chorizo a la sidra y los andaluces al vino y como tenía en casa un culito de cava en una botella, de esos que ya no tienen excesiva fuerza, pensé que podría cocer el chorizo con ese cava restante. Al colocar el chorizo, partido por la mitad, en un bocadillo se me ocurrió -pura improvisación- que estaría bueno con una mermelada. Y la mermelada que tenía abierta en la nevera era esta de olivas, comprada en una de esas ferias de productos artesanales y ecológicos. La mermelada, que tiene un gusto curioso, mezcla entre lo amargo del ácido oleico de las olivas con lo dulce del azúcar, ha sido producida en Priego de Córdoba (Córdoba) por Aceites Vizcantar.



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