No es bien bien un tapa de alcantarilla. Bueno, desde luego, no lo es. Pero no deja de ser una tapa que estaba en el suelo y que rinde homenaje al autor dublinés más conocido y a su obra más celebrada -aunque seguramente no la más leída-, Ulysses.
Ir a Dublín es una invitación constante a seguir los pasos de Joyce. Absolutamente recomendable la excursión en un tren cercanías hasta las afueras de la capital irlandesa, a unos 12 kilómetros, para reencontrarse con el castillo-museo de Ulysses. Allí veréis atónitos como una legión de locales y algún que otro turista leído se lanzan al mar para emular uno de los pasajes de la novela. Sea verano o invierno, doy fe que yo lo ví con mis ojos. Sólo apto para no cardíacos, os lo aseguro.




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