Aquellos que deseen hacer queso fresco en sus casas, lo que en Cataluña se denomina 'mató', deben saber que no necesitan tener en la despensa una vaca lechera. Debo confesar, sin embargo, que he conseguido hacer este queso fresco en el segundo intento, lo cual tampoco está nada mal.

En la primera ocasión traté de seguir los pasos claros y entendedores que da Nieves en su blog Dulce y Salado, pero algo debí hacer mal. Quizá no puse la suficiente cantidad de cuajo, quizá la leche estaba pasada. Total, que no cuajó y tuve que tirar dos litros de leche fresca.

En el segundo intento, la cosa fue más rodada. Esta vez decidí seguir las explicaciones que da Marta Carnicero en su libro Les millors receptes amb Thermomix, aunque sin Thermomix. Lo única que necesitaba era una olla para calentar la leche y un termómetro de líquidos para saber a qué temperatura estaba la leche.

Para hacer este queso fresco blanco o 'mató' necesitaremos únicamente:

  • Un litro y medio de leche fresca pasteurizada (Yo utilicé la leche fresca ecológica de El Corte Inglés, como Nieves)
  • Unos 80 grs de zumo de limón
  • Cuajo (una cucharada) y una pizca de sal (opcional)

ELABORACIÓN

Se calienta la leche hasta que alcanza una temperatura de unos 90 grados y se va removiendo para que no se pegue la leche en el fondo de la olla.

Se añade al cabo de unos 10 minutos unos 65 gramos del zumo de limón y continuamos moviendo durante dos minutos más. Añadimos el resto del zumo de limón y el cuajo y removemos nuevamente. Dejamos reposar la leche durante unos 15 minutos fuera del fuego. A estas alturas la leche ya se ha cortado.

Transferimos la mezcla resultante a una fuente y dejamos reposar durante al menos un hora, para después verter el contenido sobre otro recipiente en el que habremos colocado una tela tipo gasa -encontré en las farmacias una no esterilizada de 1 metro cuadrado-  sobre un colador.

De esta forma sobre la tela quedará el queso y por debajo el suero colado.

Cogemos la tela de las cuatro puntas y hacemos un hatillo. Apretamos con la mano para que vaya soltando el líquido sobrante. Cuando acabemos la operación de prensado y escurrido del suero, introducimos el queso en un recipiente y lo tapamos con papel film y lo metemos en la nevera.

Tras unas horas de nevera, ya está listo para servir. Se puede comer acompañado de membrillo, o como se suele hacer en Cataluña, rociado con miel y unas nueces, el no menos célebre 'Mel i mató'.

En su blog, Nieves sugiere guardar el suero sobrante para sustituirlo por el agua necesaria en la elaboración de pan, sea en panificadora o a mano. De momento, lo tengo en la nevera para este fin de semana hacer un buen pan en mi panificadora, ahora que vuelvo a tenerla después de unas semanas en el dique seco.