Como todas las madres y padres que se preocupan por la salud de sus hijos, en mi caso hijas, siempre estamos vigilantes antes los dulces que puedan comer. Tratamos de evitar que coman bollería industrial, que seguro que está detrás del aumento de casos de diabetes infantiles y de obesidad cada vez más precoz. Siempre será mejor una merienda de bocadillo con tomate y aceite y salchichón, chorizo, jamón o queso que un bollito de chocolate de estos que venden en pastelerías, panaderías, supermercados y tiendas de 'chuches'.

Como la tentación al dulce es muy grande, siempre podemos optar por un buen trozo de pan con chocolate, un pastel hecho en casa o unas galletas. Hoy os propongo un tipo de galletas muy populares en nuestro país, las Oreo, que, sin la forma tan perfecta de las industriales, creo que compiten con ellas en gusto y sabor, y también en salud por ser totalmente caseras y, por tanto, podemos controlar la calidad de los ingredientes que utilizamos.

A finales de losaños 90 estas galletas eran unas de las que presentaban elementos en su elaboración como el almidón de maiz manipulado genéticamente, lo que provocó una oleada de protestas por parte de ecologistas y consumidores que influyó en la decisión final de la compañía, Artiach, perteneciente a la multinacional Nabisco, de renunciar a elementos transgénicos.

Con esta receta, inspirada en la ofrecida por un buen blog gastronómico, La cuina vermella, os propongo un viaje en el tiempo a la América profunda que tan bien describe Roser Caminals en su libro "La seducció americana".

Leo en Wikipedia que las Oreo fueron creadas por la compañía estadounidense Nabisco en 1912 para hacer la competencia directa a otras galletas, la Hydrox, que se habían empezado a comercializar cuatro años antes y que finalmente desaparecieron por bajas ventas en 1996.

La característica principal de las Oreo originales es que está formada por dos galletas de chocolate circulares unidas por un dulce cremoso blanco.

Para hacer estas apetitosas galletas necesitaremos:

  • 140 grs de harina de fuerza
  • 3 grs de sal
  • 110 grs de mantequilla (caliente pero no líquida)
  • 75 grs de azúcar y 30 grs de azúcar glas
  • 1 yema de huevo a temperatura ambiente
  • 6 grs de vainilla líquida
  • 15 grs de cacao en polvo
  • 30 grs de chocolate negro (al 70% de cacao)

Y para el relleno:

  • 35 grs de crema fresca espesa (tipo crème fraiche President)
  • 115 grs de chocolate blanco

ELABORACIÓN

1. Mezclar la harina, la sal y el cacao tamizado

2. En otro recipiente mezclar el azúcar y el azúcar glas tamizado.

Fundir el chocolate negro al baño María o en el microondas a poca potencia para que no se queme (De hecho, debemos acabar de fundirlo con ayuda de una cuchara)

3. Batir la mantequilla a punto de pomada y añadir los azúcares y mezclar durante un minuto. Añadir la yema, la vainilla y el chocolate fundido hasta que se forme una pasta. Con esta pasta confeccionamos un cilindro, como si fuera un salchichón, de unos 15 centímetros de largo, que envolvemos en papel film. Seguidamente refrigeramos este cilindro en la nevera durante 1 hora 30 minutos. Si tenemos prisa, podemos acelerar el proceso en el congelador, pero sin dejar que se congela la masa.

4. Precalentamos el horno a unos 165 grados.

Paralelamente, vamos cortando la masa anterior en rodajas de unos 3 milímetros de espesor y las vamos colocando en una placa de horno sobre papel de plata o papel de horno.

Se meten en el horno durante unos 10-12 minutos. Cuidado que no se quemen!!!

Consejo: Procurar separar más los rodajas entre ellas, porque, de lo contrario, os sucederá lo que a mí, con la cocción en el horno se pegarán unas galletas con otras y entonces tendréis que cortarlas con el riesgo de que se rompan.

5. Una vez cocidas, dejamos enfriar las galletas en una rejilla. Para hacer el relleno blanco, fundimos el chocolate blanco e incorporamos la crème fraiche. Batimos bien hasta obtener una crema densa y dejamos enfriar durante un cuarto de hora.

Finalmente, untamos la crema en una de las galletas y tapamos con la otra como si fueran un sandwich.

Algunos disfrutan abriendo el dulce emparedado para lamer primero la crema blanca y posteriormente comerse las dos galletas. Otros prefieren comerlas tal cual y otros gozan más sumergiéndolas en la leche. Escoger vuestra forma.

Mis Oreo, ya sé, no tienen una forma perfecta -me han quedado cuadradas en lugar de redondas- y son irregulares, pero eso quizá las acerca a las originales de 1912, que eran bastante abultadas y de ahí su nombre, que significa 'colina' en griego.