Nos encontramos ante uno de los monumentos de las tapas o entrantes de la cocina canaria, esa tierra que tanto quiero y que en tantas ocasiones he visitado. De hecho, me faltan sólo dos islas para completar el archipiélago. Las Canarias no son sólo un clima semitropical, casi un eterno verano suave, sino que hay una gastronomía muy particular por su situación geográfica a descubrir.
Para elaborar el plato necesitaremos:
- Unas 15-20 patatas de pequeño tamaño, tipo bufet o París.
- Para el MOJO: 4 dientes de ajos, un buen chorro de aceite de oliva virgen extra, un chorrito de vinagre, 1 vaso de agua, 2 cucharadas generosas de pimentón (dulce o picante, según el gusto), una cucharada de cominos, sal gorda y miga de pan duro.
Lavamos bien las patatas con la piel y las ponemos a hervir en agua con un poco de sal y aceite. Las tendremos hirviendo durante unos 20 minutos o hasta que veamos que están blandas.
Cuando ya están hechas escurrimos casi todo el agua y ponemos la sal gorda en ese centímetro de agua que dejamos en la olla. Dejamos que se evapore el agua, pero sin dejar de remover y con cuidado de que no se quemen y apagamos el fuego. Veremos como las patatas adquieren un tono blanquecino por acción de la sal.
Para hacer el mojo picón
picamos los ajos en un mortero, con sal, el pimentón, la pimienta negra recién molida, los cominos y la miga de pan. A continuación añadimos el vinagre, el aceite de oliva y el agua y removemos para que se mezclen bien los liquidos. Si lo queremos más espeso, añadimos más miga de pan. Cada vez que se utiliza se debe mezclar bien.
En el momento de servir, rociamos el mojo sobre las papas. El mojo picón también combina muy bien con las carnes asadas a la plancha o en la barbacoa.
Este es el mojo rojo más común, pero de mojos encontraremos muchos en Canarias, dependiendo de las especias que utilicemos. Los movimiento migratorios han hecho que podamos encontrar mojos en muchas regiones de Latinoamérica, como en Cuba, en Venezuela




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