La patata es uno de los alimentos básicos en la práctica totalidad del planeta. Es sabido que una mala cosecha de patatas fue la culpable de una gran hambruna en 1845 en  Irlanda y con ella la causante de una de las grandes emigraciones en el siglo XIX, en este caso a EEUU.

Hoy, la patata continúa siendo un alimento muy utilizado en nuestras cocinas, especialmente en Occidente, pero también la encontramos en casas muy lejanas como en la cocina tibetana.

Nunca me han gustado esas patatas fritas que ofrecen los establecimientos de fast food, y ni siquiera me gusta hacerlas en casa a partir de esas bolsas congeladas que venden en los  supermercados. Sí, ya sé que es mucho más cómodo, porque no se tienen que pelar ni cortar, pero vale la pena dedicarle un poco de tiempo. El resultado es radicalmente diferente y nuestros comensales lo agradecerán, por no hablar de nuestra salud.

Para hacer estas patatas fritas picantonas que hoy os propongo necesitamos simplemente 4 o 5 patatas ecológicas, 3 dientes de ajo fileteados, dos guindillas rojas, sal y pimienta, ademàs de aceite de oliva.

Pelamos y cortamos las patatas a trozos de unos 3-5 centímetros pero que sean irregulares. Laminamos los ajos y tiramos todo, junto con las guindillas en la sartén, en la que habremos calentado el aceite de oliva -unas diez cucharadas-.

Lo tenemos a fuego lento durante unos 20 minutos o hasta que las patatas estén hechas y tirando a blanditas.

Estas patatas pueden constituir un plato entrante o ser el perfecto aliado de unas hamburguesas o de unas salchichas o cualquier otra cosa que se os ocurra.