Aunque en el último minuto, no quería dejar de participar en el HEMC de este mes, dedicado a las conservas caseras. Ya hace unos años que cultivo tomates en mi pequeño huerto y como en la familia consumimos bastante tomate frito, ya hace mucho tiempo que nos gusta hacer nuestra propia conserva por aquello de que es más sano y más bueno de sabor. Una tradición que seguramente nos ha llegado de la tradición de nuestros padres y nuestros abuelos.

Primero de todo quería presentaros mis tomateras, que este año están especialmente generosas. Cuando tengo que hacer conserva suelo plantar matas de la especialidad de pera, pues tiene mucha carne y es muy gustosa.

Ponemos en una olla con agua hirviendo los tomates durante unos cinco minutos para facilitar la tarea de sacar la piel. Con este proceso, de hecho, se cuece un poco la carne del tomate. Sacamos los tomates y los colocamos en una cubeta con agua fría para que se enfríen.

Sacamos la piel, hacemos unas incisiones con el cuchillo y apretamos para extraer la pulpa y el líquido.

En el vaso de la batidora introducimos unos diez-doce tomates pelados y escurridos, una cebolla pequeña o media grande, dos dientes de ajo, una cucharada de sal y media de pimienta, una pizca de azúcar, dos o tres hojas de albahaca y un chorro de aceite de oliva virgen extra. Trituramos bien y los colocamos en los botes previamente esterilizados.

Cerramos bien los botes con las tapas y los colocamos boca abajo. Los metemos con cuidado en una olla grande llena de agua hirviendo y los tenemos hirviendo durante unos quince-veinte minutos. Cuando el agua se enfríe se pueden sacar. Para evitar que choquen entre ellos y puedan romperse durante el proceso de esterilización, se pueden separar con paños de cocina.

Cada verano hacemos unos 40 botes de conserva de este tomate, que a lo largo del año utilizamos en estofados, cocidos y como aderezo de pastas y pizzas.