Me considero un defensor acérrimo de los productos artesanos, sean quesos o, como en este caso, embutidos y chacinas. Cataluña es una región de gran tradición en la elaboración de embutidos, pero quizá es menos conocida la tradición de los embutidos de montaña, en este caso del Pirineo. Todos los años, como si fuera un ritual atávico, visitamos la feria medieval de Guimerà. Allí nos encontramos con unos amigos de hace años, Jordi y Mónica, pero también es una buena ocasión para comprar algunos quesos y algunos embutidos. Se ha convertido también en algo habitual adquirir algún producto de los charcuteros Badia, que tienen plaza en la localidad leridana de Tremp.

La Casa Badía continúa haciendo dos de los embutidos más típicos de la comarca del Pallars, el xolís, el rey de los embutidos de Lleida, y la girella, aunque también se puede encontrar en la cercana comarca de la Alta Ribagorça o en comarcas aragonesas del Pirineo. La girella es el único embutido que actualmente se elabora con menudillos de cordero, en cuya elaboración, . Aemás de la carne trinchada, arroz, huevos, pan, perejil y pimienta. Esa masa resultante se embute en la tripa de cordero previamente lavada y que, una vez cosida, se pone a hervir. La girella, un plato montañoso arcaico, se come acabada de cocer o frita, aunque también se puede acompañar con una buena salsa de setas o bolets.

Como ya habíamos comprado girella en otra ocasión, esta vez optamos por algo más clásico, la butifarra blanca, rellena de setas, y la butifarra negra. Ambas, combinadas sobre una buena rebanada de pan untada en tomate y aceite de oliva virgen extra, pueden ser un desayuno o una cena exquisitas.