Tenía unos tomates recién recogidos de mi huerto -este año la naturaleza está siendo benévola conmigo- y pensé en hacer una ensalada diferente a la que habitualmente hago. Ya sabéis, un poco de pepino por aquí, un poco de cebolla por allá, unas hojas de lechuga por acullá. Fue entonces cuando pensé que sería una buena idea juntarlos con una bola de mozzarella. Los señores tomates y la señora mozzarella se llevan muy bien, que diría Jamie Oliver. Es un buen contraste de colores y de texturas. Para complementar el blanco y el rojo de estos dos ingredientes, me hice con una bolsa de canónigos, que aporta un bonito color verde al conjunto.
Para realizar esta refrescante ensalada, sólo necesitaremos uno o dos tomates rojos, un buen puñado de canónigos, aunque también podrías utilizar rúcula, y un una bola de mozzarella de búfala.
Desmenuzamos con los dedos la mozzarella en trozos de unos 3-5 centímetros, disponemos a dos lados los tomates y en los extremos los canónigos.
Una pizca generosa de sal y pimienta sobre todo y un buen chorro de aceite de oliva virgen extra. La huella de mi maestro involuntario Jamie Oliver se deja notar en el toque que he querido dar a la mozzarella. Como es un queso que no tiene un gusto excesivamente penetrante, he cortado una de las guindillas que también me ha dado el huerto, la he abierto por la mitad y he tirado las semillas -así no pica- y finalmente la he picado finamente. Se espolvorea la guindilla picada sobre la blanca mozzarella y el resultado es caprice des dieux para el paladar.




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