Hacía tiempo que tenía ganas de hacer esta efectista tarta de leche merengada desde que la había visto en el blog de Su, sus webos fritos, una tarta que en su día dedicó a su padre en su cumpleaños. Yo no he necesitado una efeméride tan especial para brindar a la familia con este delicioso postre, acaso la vuelta de mi hija mayor de una excursión a la nieve y el agradecimiento de que haya vuelto sana y con todos sus huesos puestos en su sitio.

 

 

Esta tarta de leche merengada es fácil de hacer, aunque es bastante laboriosa.

 

 

 

 

 

Los ingredientes necesarios son:

Para la BASE:

  • 250 grs de galletas de canela, tipo Napolitana, aunque Mercadona también tiene unas sucedáneas.
  • 90 grs de mantequilla sin sal

Para el MOUSSE:

  • 500 ml de nata montada
  • 5 claras montadas a punto de nieve
  • 5 hojas de gelatina Vahiné
  • Un bote pequeño de leche condensada (unos 350 grs)
  • 200 ml de leche entera
  • 1 rama de canela
  • cáscara y ralladura de un limón
  • canela molida

 Primero trituramos las galletas y la mantequilla con ayuda de un robot o con las mismas manos, hasta que quede un pasta homogénea que no se deshaga. La ponemos en el fondo de un recipiente desmoldable y lo reservamos en la nevera.

Calentamos la leche con la rama de canela y la cáscara de limón y la llevamos a ebullición. Mientras esperamos que hierva rehidratamos la gelatina en un cuenco con agua fría.

Sacamos la canela y la cáscara del limón y añadimos la gelatina escurrida. Removemos un poco.

Añadimos la leche condensada y removemos bien hasta que se disuelva perfectamente. Apagamos el fuego y dejamos enfriar un poco.

Montamos las claras a punto de nieve con una pizca de sal. Y durante el proceso añadimos las ralladuras de limón y un poco de canela molida.

A continuación mezclamos las claras montadas con la nata montada con ayuda de una espátula y haciendo movimientos envolventes para que no pierda volumen.

Cuando ya esté bien mezclada, vertimos la mezcla resultante en el molde sobre la base de galleta y lo metemos todo en la nevera durante al menos 6 horas. Pasado ese tiempo ya podremos comernos el pastel. He de reconocer que mi pastel no quedó con tan buen aspecto como el de Su, pues en el momento en el que lo hice no tenía un molde desmontable y tuve que hacerlo en un recipiente de cristal, pero el sabor estoy seguro que se acerca bastante al de ella. Aprovecho estas líneas para agradecer la labor de Su para divulgar la cocina casera.

 En el próximo post os explicaré qué podemos hacer con las yemas que han quedado cautivas al realizar esta fantástica tarta de leche merengada, porque en la cocina de tapastrastapas nada se tira. Todo se aprovecha.