De mi reciente viaje a Nueva York me traje numerosa cacharrería y gadget, entre ellos un sencillo aparato moldeador para elaborar calzones, esos panes rellenos tan característicos de la cocina italiana. Tenía tantas ganas de estrenarlo que al final me puse manos a la masa. Para elaborar esta receta aproveché los restos que tenía en la nevera. En uno de los estantes del refrigerador languidecía este trozo de morcilla, duro por el paso del tiempo y aparentemente inservible, pero fue entonces cuando pensé que podría aprovecharlo rallándolo como si fuera un trozo de queso. Y ciertamente, la idea creo que fue buena, porque además la morcilla con esta forma de virutas recuperó su aroma.

Para elaborar el calzone básico necesitamos:

  • 500 grs de harina de fuerza
  • 250 ml de agua tibia
  • media cucharilla de azúcar
  • 1 cucharilla de sal fina
  • 1 cucharada de aceite de oliva virgen
  • un cubito de levadura fresca Levital (25 grs)

En mi caso utilicé la panificadora, pero también podéis amasar a mano.

Colocáis en la cubeta de la panificadora el agua, la sal, el azúcar, la harina, la levadura y aceite de oliva. Ponéis en marcha el programa de amasado y levado (aproximadamente 1 hora y 25 minutos).

Al finalizar el programa, trabajáis durante unos 5 minutos más la masa con las manos. Cortáis porciones pequeñas y con ayuda de un rodillo las aplanáis. Vamos poniendo en el molde estos trozos finos de masa. En el interior colocamos porciones de mozzarella, nueces y virutas de morcilla. Cerramos el molde, apretamos y recortamos la masa sobrante.

Naturalmente, podéis hacer este paso de manera manual sin ayuda del molde. Sólo tendremos que tender cuidado de que quede bien sellado para que no se salgan los productos fundentes del interior.

Cuando ya tenemos el calzone, lo colocamos en una bandeja de horno forrada con papel de horno. Precalentamos el horno a unos 180 grados y horneamos los calzones durante unos 15 minutos o hasta que veamos que están dorados por fuera.