Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, la hogaza, una palabra que por cierto proviene del latín focacia, tiene dos significados:
- Pan grande que pesa más de dos libras
- Pan de harina mal cernida, que contiene algo de salvado
La hogaza que os presento hoy nada tiene que ver con la segunda acepción, pues no utilicé salvado, ni tampoco tiene que ver con la hogaza de pan de origen leonés, que ya menciona el griego Strabón en sus escritos de la antigüedad.
Se trata de una receta sencilla de hacer con la panificadora y relativamente rápida.
Para su elaboración necesitaremos:
- 430 ml de agua
- 5-6 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
- dos cucharadas y media de sal
- 720 grs de harina de fuerza
- 25 grs de levadura fresca (un cubito de la marca Levital)
Introducimos los ingredientes en el mismo orden en la cubeta de la panificadora y ponemos en marcha el programa de amasado/levado, que dura aproximadamente 1 hora y 25 minutos. Cuando acabe el programa sacamos la masa sobre una superficie ligeramente enharinada y la trabajamos con las manos durante unos 5 minutos.
En ese tiempo plegamos sobre si misma la masa varias veces y la aplastamos con las palmas de las manos de manera enérgica, para que salga todo el gas que lleva dentro. Este proceso es importante porque determinará la esponjosidad del futuro pan.
En este caso he optado por darle a la masa una forma redondeada y a continuación la he metido dentro de un banneton redondo -que no es más que una cesta de mimbre forrada por dentro con tela de lino- y la he dejado reposar durante unos 30 minutos tapada con un paño ligeramente húmedo.
Al cabo de media hora, la masa habrá crecido ostensiblemente, la sacamos con cuidado del banneton y la colocamos sobre una placa de horno.
Ahora sólo queda hacer unas incisiones con una cuchilla o un cuchillo afilado en la superficie de la masa. En esta ocasión opté por unas incisiones con forma de retícula. Vi que el maestro Bertinet lo hacía en uno de sus panes y el acabado final, como véis, es rústico y bonito. Antes de meterlo en el horno pulverizamos agua sobre la superficie o pintamos con agua, a gusto del consumidor.
Horneamos a 220º C durante unos 20-25 minutos o hasta que el pan ya esté bien hecho. En la mitad del tiempo, he vuelto a pulverizar las paredes interiores del horno para generar más vapor. Acabada la cocción, dejamos enfriar el pan sobre una rejilla.
El aspecto de la miga es realmente esponjoso. Con la foto inferior creo que sobran las palabras. Sólo falta que os haga llegar a vuestras cosas el aroma, pero la tecnología, de momento, no me lo permite. Todo se andará.




lasrecetasdeteresa
18 abr 2010 | 02:53 PM
Hola Jose, bueno ya me paso más despacio, hay cosas que me interesan Un Abrazo
tapastrastapas
28 abr 2010 | 11:45 PM
Teresa, pásate cuando quieras. Esta mi cocina es desde ahora también tu cocina para lo que quieras.
Un beso