Los que viven en Cataluña lo saben muy bien, pero los de otros lugares de España, e incluso del mundo, cada vez se van familiarizando más. Cada día 23 de abril es una fiesta, sobre todo en Barcelona, donde las calles se engalanan con libros y con rosas. No creo que haya en el mundo una tradición más bella, regalar libros y rosas y por eso no es extraño que este Día del Libro se haya convertido en una fiesta laica en la que todo el mundo sale a la calle -especialmente si hace buen tiempo- y se regala cultura y amor, libros y rosas.

Los lectores/fans tienen además la oportunidad de tener contacto directo con sus escritores favoritos, que aguantan calor, achuchones y, con suerte, largas colas de firmas de ejemplares. No conozco ningún escritor, y conozco muchos, que no encuentre esta fiesta una hermosa experiencia.

La raíz de esta tradición no es del todo bien conocida, pero la festividad remite al mito de Sant Jordi/San Jorge/Saint George y su lucha contra el dragón, una versión medieval del mito bíblico de David y Goliath, pero en versión gore.

Para hoy no he preparado ninguna receta. Simplemente os obsequio con un libro, del cual se pueden aprovechar portada, contraportada, lomo y evidentemente su secreto interior. Es un libro que váis a poder degustar con el paladar y no tanto con la vista. Un libro de puro chocolate. Un libro, que como se puede observar más arriba casi no pude 'leer' ni yo antes de que mi hija pequeña dejara sus huellas dentales.

Feliz Sant Jordi, happy Saint George.