Sé que me he pasado unas semanas de la Cuaresma, pero no podía dejar pasar la oportunidad de publicar esta receta. Una receta que, al igual que ya pasara hace un año con los pestiños, viene por línea materna directa, tan directa como que ella es la protagonista del vídeo que he preparado para explicar mejor la receta.
Creo que el mejor homenaje que podía hacer a mi madre en el Día de la Madre era colgar esta receta y este vídeo. Formalidades de fechas aparte, me parece que estos buñuelos se pueden comer incluso más allá de la Semana Santa. De hecho, todavía veo rosquillas y buñuelos en algunas panaderías y pastelerías. Por algo será.
Para la elaboración de los buñuelos debemos tener los siguientes ingredientes:
- 250 ml de agua
- 3-4 cucharadas de semillas de anís
- Un chorro generoso de licor de anís
- tres cucharadas de azúcar
- la piel de un limón
- unos 35 grs de mantequilla
- una pizca de sal
- unos 125 grs de harina cernida
- 3-4 huevos
- azúcar y canela
En un cazo ponemos a hervir el agua y añadimos las semillas de anís, el chorro de anís tipo Anís del Mono, el azúcar, la piel del limón previamente lavada bajo el grifo, la mantequilla y la sal. Dejamos hervir durante unos 5 minutos
Colamos el contenido del cazo con un colador y reservamos el líquido resultante en un bol.
Vamos mezclando en este bol la harina con el líquido. Vamos añadiendo la harina poco a poco para que se vaya mezclando bien y sin grumos.
Cuando ya hayamos añadido toda la harina, mezclamos los huevos de uno en uno hasta que queden bien integrados. La masa resultante no debe ser ni muy líquida ni muy espesa. Si está muy líquida siempre podemos espolvorear un poco más de harina y seguir batiendo.
Ponemos a calentar a fuego vivo medio litro de aceite de oliva y otro medio litro de aceite de girasol.
Con ayuda de dos cucharas cogemos un poco de masa y la tiramos con cuidado de no salpicar en la sartén con el aceite caliente. Cuando veamos que los buñuelos ya están dorados por un lado, les damos la vuelta con ayuda de unas pinzas.
Los sacamos y los dejamos escurrir en un colador con un plato debajo. Al cabo de unos 3 minutos los ponemos en un recipiente lleno con azúcar y canela. Los rociamos bien y los dejamos que se acaben de enfriar en una bandeja.
Gracias, mamá.




eva
4 may 2010 | 11:30 AM
yo diría que ahora apetecen aun más que en cuaresma, jeje
de buena gana te cogía uno (o dos) para el café!
bs!
tapastrastapas
4 may 2010 | 11:07 PM
Eva, gracias, todos tuyos