Lo peor que te puede pasar es que te conviertas en anfritrión improvisado. Vamos, que se te inviten de repente a tu casa unos amigos y no hayas preparado nada. Es entonces cuando hay que echar mano del fondo de despensa y de la nevera.

No fue eso lo que me pasó a mí este fin de semana, sino que lo que me movió fue el ánimo de experimentar con algunos alimentos que tenía al alcance en casa.

Y de ese ánimo surgieron estas pizzetas/tostadas o lo que sea -podéis llamarlas como queráis-, sencillas de hacer y con unas combinaciones de gustos seguramente comunes, pero muy efectivas en una mesa bien puesta.

Todo lo que necesitamos en este caso son unas rebanadas de pan de molde -mejor que sea de panadería y no de esos industriales que venden en los supermercados-, una nueces, unas rodajas de morcilla -también serviría chorizo- y diferentes quesos fundentes.

Para las primeras pizzetas, colocamos una rodaja de queso de cabra de rulo y encima dos trozos de morcilla. Yo utilicé morcilla de Jaén un poco picante.

Para las segundas pizzetas, ponemos sobre la rebanada de pan trozos de mozzarella -yo utilicé mozzarella dura-, espolvoreamos orégano y encima dos o tres nueces.

Colocamos todo en una bandeja y horneamos a 150-160 ºC durante unos 10 minutos o hasta que veamos que el queso se ha fundido.

Y del horno a la mesa.