Normalmente, el helado de limón se ofrece a veces en el ecuador de comidas muy abundantes, por aquello de que ayuda a bajar lo digerido hasta entonces y prepara el estómago para la segunda parte del partido gastronómico. La tarta que hoy nos ocupa es una tarta de limón y, por tanto, muy refrescante, pero los ingredientes difícilmente la convierten en una tarta digestiva, sino que se trata de una tarta consistente.

Por eso, puede ser el buen postre de una comida frugal, pero quizá será una buena merienda o el perfecto acompañamiento de un té de las cinco.

Para su realización he adaptado una receta de Ada Parellada, con algún ligero cambio, pues mientras ella proponía una base hecha con las socorridas galletas María, yo he utilizado estos palets bretons, esas galletas típicas de la Bretaña de casi un centímetro de grosor y con un pronunciado sabor a mantequilla. Unas galletas que hoy he encontrado por casualidad en el Lidl.

Los ingredientes que necesitamos son los siguientes:

  • 100 grs de mantequilla
  • 200 grs de galletas bretonas (palets bretons)
  • Una lata de unos 390 grs de leche condensada
  • 3 limones
  • 200 ml de nata montada

En un recipiente mezclamos la mantequilla ligeramente derretida con las galletas desmenuzadas. Los mezclamos con ayuda de una cuchara hasta que quede una pasta algo sólida pero que se pueda trabajar.

Untamos con un poco de mantequilla un molde desmontable de unos 22 centímetros de diámetro y pegamos sobre el fondo la pasta de las galletas. Lo refrigeramos en la nevera mientras acabamos el resto de la receta.

En otro recipiente ponemos la ralladura de los tres limones sin llegar a la parte blanca, que es más ácida. También añadimos el zumo de los tres limones y la leche condensada.

Agregamos a ese mismo recipiente la nata ya montada y lo mezclamos todo con movimientos envolventes, con cuidado para que la nata no se baje.

Vertimos la mezcla sobre la base de galleta. Alisamos la superficie con ayuda de una espátula y metemos el molde de nuevo en la nevera.

Antes de servir, es conveniente que la tarta se cuaje bien para que gane cuerpo y no se deshaga fácilmente, Para ello, la tendremos en la nevera, al menos, durante dos horas. Este es un postre que podemos hacer la noche anterior y servir el día siguiente.