Aquí tenéis un pastel fácil de hacer, muy gustoso por el chocolate blanco y que no necesita horno. Como véis, ideal para aquellos días calurosos en los que no queremos encender el horno. El chocolate blanco le da a este pastel clásico de queso un sabor muy especial y dulzón. Podéis servirlo sin más o, como yo hice, con un poco de mermelada de arándanos o de cualquier otra fruta roja encima. Le dará un toque especial.

Los ingredientes para esta receta adaptada del libro 101 delicias de chocolate son los siguientes:

  • 100 grs de galletas (yo utilicé galletas de Canela Gullón)
  • 50 grs de mantequilla fundida
  • 400 grs de chocolate blanco troceado
  • 300 ml de nata líquida
  • 200 grs de queso cremoso (una tarrina tipo Philadelphia)
  • 250 grs de queso ricotta

Comenzamos triturando las galletas con una picadora y las mezclamos con la mantequilla. Forramos el fondo de un molde de cristal o uno desmoldable con papel de horno o sulfurizado y encima extendemos la pasta obtenida con las galletas trituradas y la mantequilla. Metemos en la nevera.

Derretimos en el microondas o al baño maría el chocolate blanco y lo reservamos unos minutos hasta que se enfríe un poco.

En un bol batimos la nata, el queso cremoso y el ricotta y a continuación añadimos el chocolate blanco. Vertimos toda esta mezcla sobre la base de galletas que teníamos en la nevera y dejamos que se enfríe en la nevera durante al menos tres horas.

En el momento de servirlo, rociamos por encima un poco de mermelada.

En el caso de que no tengáis suficiente chocolate blanco, como me pasó a mí, o que queráis hacer un pastel bicolor, sustituir la mitad del chocolate blanco por chocolate con leche y el efecto final es como en la foto de abajo.