En plena Semana Santa, es un buen momento para recordar algunos de los postres típicos de estos días festivos. Comenzaremos con los rosquillos, en este caso unos realizados con el candil, ese cucharón extraño que tiene un agujero en la base.
La receta es una versión de la que ofrece Su en su página de Webos Fritos, que a su vez se inspiró en Cova del blog comoju, la cual le da el nombre de rosquillas de M. Paz. Su elaboración pienso que es bastante sencilla. Sólo tenéis que tener cuidado con las quemaduras con el aceite.
Resultan además unos postres magníficos para realizar en familia, pues mientras unos ponen la masa en el candil y lo sumergen en el aceite caliente, otros le dan la vuelta al rosco y lo recogen y otros rebozan con el azúcar y la canela.
Los ingredientes de estos roscos son los siguientes:
- 100 ml de leche
- 2 cucharadas de anís en especie
- 100 ml de aceite de oliva
- 200 grs de azúcar
- 1 sobre de levadura
- la ralladura de un limón
- 400 grs de harina de repostería
- 4 huevos batidos
En primer lugar, calentamos el aceite de oliva con un trozo de cáscara de limón y las semillas de anís. Lo dejamos que se aromatice durante unos 5 minutos a fuego medio-bajo. No debemos dejar que se queme. Lo colamos y lo reservamos.
En un bol o recipiente batimos bien los huevos. Yo he utilizado la Kitchen-aid, pero podéis utilizar cualquier robot amasador o hacerlo directamente a mano. Añadimos el resto de los ingredientes, incluido el aceite de oliva aromatizado y concluimos con la harina y la levadura tamizadas.
Dejamos reposar la masa durante al menos una hora.
En una sartén que tenga como mínimo 5 centímetros de altura -no es necesario que sea muy ancha- calentamos aproximadamente un litro de aceite de oliva o de girasol. Colocamos el cucharón de candil dentro para que se caliente también. Sacamos el candil fuera y con ayuda de un cucharón, una cuchara o una manga pastelera rellenamos el hueco que queda en el candil procurando dejar libre el centro, donde está el agujero.
Sumergimos el candil en el aceite y veréis que al cabo de unos 5 segundos, si el aceite está suficientemente caliente, se acabará desprendiendo el rosco.
Conforme se vayan dorando, les damos la vuelta y cuando ya estén hechos los colocamos en un colador sobre un plato para que vayan escurriendo el aceite sobrante.
Pasado un minuto los rebozamos en otro recipiente en el que habremos mezclado azúcar con un poco de canela.




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