Es la morcilla uno de mis embutidos preferidos, un embutido que podemos comer tanto frío como caliente. Y de todas las variedades que hay en España, la que más me gusta, por su rico sabor, es la de cebolla. Si además es un poco picante, todavía mejor, pero eso ya lo dejo a vuestro gusto.

Hacía tiempo que no veían estas páginas una receta de tapas y para seguir honrando el nombre del blog ya tocaba una.

De todas las que tengo pendientes por publicar, me he quedado con ésta, que, como véis, es de lo más sencilla de preparar.

Sólo necesitamos un bocadillo tipo flauta, morcilla y quesos de cabra tipo chevrette.

Cortamos la morcilla en trozos que no sean demasiado desmesurados para el tamaño del montadito y a continuación los freímos en una plancha o sartén sin nada de aceite.

Pasamos por una plancha a fuego lento los pequeños quesos de cabra. Previamente, los rocíamos con un poco de azúcar para que se forme una crostra caramelizada. Prácticamente, ha de ser vuelta y vuelta.

Para montar el plato, cortamos el pan por la mitad, ponemos el trozo de morcilla sobre una de las dos mitades y encima el queso de cabra.